En los últimos tiempos la arremetida del mito de
Simón Bolivar ha vuelto a suscitar sonoros discursos por quien se cree su más virtuoso sucesor:
Hugo Chávez. El presidente de
Venezuela no sólo tiene el mal gusto de meter su nariz ahí donde nadie lo llama, sino además se ha constituido en un opinador locuaz que lejos de ser tomado
en serio provoca más de una risotada de cantina por las ya consabidas y repetidas payasadas (Antimperialismo, oligarquía, patria o muerte, lucha del proletariado, y toda esa monserga cojuda ) con que suele embrutecer a quienes atrae a su rebaño (y vaya que logra atraerlos, ahí está el tibio y sobón gobierno de Argentina, el mendicante y arribista gobierno del Ecuador y la siempre servil Bolivia, ese país ingrato).
A lo que íbamos, el menudo y morenito de
Bolivar (de cuya piel, dicen los historiadores, éste renegaba ya que hubiera preferido ser blanquiñoso, complejo de francés que le dicen) fue un inteligentísimo estratega militar, pero también un embustero, calculador y grosero dictador rapaz, fundador en Latinoamérica de ese mal inmundo llamado
caudillismo militar y toda su cruel
felonía.
El Perú tiene sobrados motivos para escupir la memoria de
Simón Bolivar y su prédica revolucionaria, porque yace en la memoria peruana lo que Simón Bolivar representó para el Perú en su lucha por su independencia, país al que desde sus años de formación (bajo la batuta de Andrés Bello y Simón Rodriguez) siempre admiró, pero también
envidió, por su riqueza y por su legendario pasado, y que para su independencia tuvo que pagar un precio muy alto (como ningún otro país liberado).
En estos días el sólido escritor
Herbert Morote acaba de hacernos el favor de refrescarnos la memoria con la publicación de un Libro al que ha titulado acertadamente
“Bolivar Libertador y Enemigo No. 1 del Perú”, Libro que debe ser repartido en todas las escuelas del Perú para que de una vez por todas se desnude a este
Napoleón de tacora y mostrarlo tal como fue: un reptil ambicioso, y echar por tierra su imagen que hoy en día tras un parchado velo de revolución bolivariana trata de imponerse en la siempre desmemoriada y borrica Sudamérica. Desde esta sucia trinchera hemos elegido sólo cinco perlitas (de las muchas) por las que el Perú debería de escupir la memoria y la imagen de Simón Bolivar, a saber:
1.-Porque luego de la proclama de la independencia , y con toda la armada a su mando, complotó contra el
Perú para desestabilizarlo con la única finalidad de que no se instale ningún gobierno
“Es preciso trabajar porque no se establezca nada en el País y el modo más seguro es dividirlos a todos” (Bolivar Dixit).
2.-Porque, babeante en su codicia, amputó la mitad de nuestro territorio, quitándonos
Guayaquil y luego el
Alto Perú (lo que ahora es Bolivia).
3.-Porque, como Dictador del Perú, estableció un estado de represión y amenaza contra quienes lo cuestionaban y se atrevían a defender los intereses nacionales, mandando a
fusilar a sus opositores.
4.-Porque volvió a imponer a los
indígenas peruanos el miserable tributo que pagaban durante la colonia. Amén del menosprecio que estos recibían de éste supuesto libertador.
5.-Porque volvió a establecer en el Perú
la esclavitud que había sido abolida por San Martín.
Fuente:
http://elrestoessilencio.blogspot.com